Fotos: Andrés Romero/ Fuente: Kienyke.com

Sus manos tejen con la agilidad de alguien que lleva más de 20 años en el oficio. Su trabajo es uno de los más valorados de la región. Antes, todo era incertidumbre y zozobra, ahora disfruta de las mieles del amor y de un gran reconocimiento por su labor como artesana. Esta es la historia de Yolanda Landaeta, una venezolana que encontró en Popayán su lugar en el mundo.

Yolanda, al igual que miles de venezolanos, llegó a Colombia huyendo de la crisis que en este momento está sacudiendo a su país. Con una mano adelante y otra atrás, pero con unas ganas enormes de salir adelante, esta mujer de 31 años estaba dispuesta a lo que sea (en el buen sentido) con tal de no dejarse vencer por la adversidad.

Es matemática pura de profesión con enfoque en astronomía de la Universidad de los Andes de Venezuela. Sin embargo, sabía que, al llegar a Colombia, difícilmente podría encontrar empleo en lo que estudió, por lo que decidió echar mano a esa pasión que le inculcaron sus padres y que en principio solo veía como un hobby, las artesanías.

Ya en Popayán, con lo poco que tenía, compró materiales para comenzar a trabajar en sus manualidades. Sabía que no la tendría nada fácil, pues el departamento del Cauca es un lugar lleno de artesanos, por lo que debía buscar ese algo que la diferenciara de los demás.

Foto: Andrés Romero/Kienyke.com

Yolanda es una persona metódica, no deja nada al azar, pero a su vez, es agradable, conversadora y fanática de la gastronomía payanesa, esa que fue reconocida por la Unesco en 2005. Esa disciplina la llevó a emprender un recorrido por el municipio con el fin de identificar qué tipo de manualidades se fabricaban, y descubrió que la técnica que le había enseñado su abuela, no se conocía en la región.

“Vi que en Colombia muy pocos artesanos dominaban la técnica francesa del soutache. En Venezuela está muy de moda desde hace algún tiempo y por eso, mi abuela me la enseñó, en Popayán no vi accesorios de ese tipo, así que decidí que ese sería mi fuerte”.

Rápidamente su negocio fue creciendo. Comenzó vendiendo de puerta en puerta y ahora tiene un imponente local. No duda en señalar que esto se debe a sus ganas de salir adelante. Contrario a los miles de casos de jóvenes que tienen un título universitario y son cuestionados por sus padres al intentar descubrir otras facetas, sus familiares son los más orgullosos por lo que ha logrado, ya que ha tenido la oportunidad de llevar a otro país toda su tradición cultural.

Otro de los impulsos que recibe a diario es su esposo, un payanés a quien conoció en Venezuela mientras estudiaba y con el que, tras dos años de sostener una relación a distancia, la motivó a venir a Colombia a emprender.

Landaeta se declara como una eterna agradecida con Colombia. Las autoridades la han tratado de maravilla, los payaneses aún le siguen dando la bienvenida, mientras que los demás artesanos (su competencia) la ayudan en todo lo que pueden.

“Contrario a lo que muchos venezolanos dicen, nunca he sufrido de xenofobia, todos me han tendido la mano. Por eso mi recomendación a todos mis compatriotas es que respeten esta tierra, bajémonos de la nube de que somos más que los colombianos, no nos victimicemos, estamos en un país en el que si queremos emprender nos apoyan”.

Gracias a ese éxito que ha tenido, espera poco a poco irle tendiendo la mano a los suyos. El primero será su hermano, quien en marzo llegará a Colombia con la idea de emprender. Sin embargo, allá están sus padres, hermanos, tíos y primos, con los que cada vez que habla sobre la situación de su país, siente que le mienten para no preocuparla.

“El trabajo es mi mecanismo de defensa para no pensar en la situación que están atravesando mis padres en Venezuela”.

A pesar de que en este momento vive de las artesanías, Yolanda no olvida su gran pasión, las matemáticas. De vez en cuando dicta clases particulares y sueña con algún día volver a tener la oportunidad de ejercer su profesión en Colombia, ya que es enfática en afirmar que así mejore la situación en su país, en Popayán encontró su lugar en el mundo.